Proyecto | 2004 | Pontevedra | El edificio debía construirse con los materiales del lugar, entendiendo por ellos también el aire, la naturaleza vegetal, la tradición constructora y, principalmente, el agua.
Las fachadas se plantean como un sistema-puzzle de estucado blanco, granito apomazado, vidrio transparente, vidrio con filtro azul y vidrio con lámina intercalada de grama seca.
La luz produciría en el interior una atmósfera contagiada del aire, el agua, la vegetación y la tierra del sitio. Al exterior, tanto el sol del verano como la bruma de los días lluviosos dibujarían en los paramentos un matizado mosaico de brillos diferentes.
Un balneario puede no ser cerrado y misterioso, sino un lugar abierto y luminoso.
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