En construcción | 2006 | Bilbao | Desde el solar es visible la densa longitud urbana de Bilbao, apretada en las márgenes angostas y profundas del Nervión. También es visible la topografía verde, acuosa y vertical de las estribaciones que circunscriben la ciudad y la comprimen contra la ría.
La atmósfera lluviosa de Vizcaya parece permanecer latente en el sitio. El terreno, las colinas cercanas, la ciudad abajo y enfrente, los montes de la margen opuesta y el propio aire húmedo se funden en una continuidad casi total, como si fueran una misma materia.
El propio suelo se muestra inestable. Es incierto. Resulta de haber rellenado aceleradamente una mina a cielo abierto, con fosos de hasta 50 m de profundidad, que conforman un terreno cavernoso en su realidad física y en su memoria.
Aguas arriba, más emplazamientos mineros transformados, visibles igualmente desde el solar, confirman la historia de este intercambio de materia entre el suelo, la vida de la ciudad y de los hombres, la densificación del territorio y el aire.
Sobre este lugar vacilante los edificios no poseen masa. Láminas de aluminio plegado adquieren la inercia suficiente para soportarse en el aire.
Al Norte, los planos concatenados de Seguridad Ciudadana permiten su lectura desde las áreas lejanas y entablan una relación de proximidad con la topografía abrupta de la ladera.
Al Sur, los locales de Protección Civil se vacían hacia el valle. Como los viejos edificios de bomberos, asumen la presencia pública del edificio hacia un área urbana nueva y extensa.
Persiste en los dos edificios conectados una referencia a las construcciones industriales, aquellos edificios-máquina o decantadores de procesos que transformaron la historia de la ciudad y pautaron la vida de sus gentes. Probablemente, ambos programas podrían ser intercambiables a través de su cordón elevado.
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