Extracto de una entrevista realizada a pie de obra por Félix Arranz.
Félix Arranz: ¿Trabajas ahora como lo hacías en aquel taller [el Grupo Experimental de Javier Carvajal]?
Juan Coll-Barreu: Probablemente el trabajo en el estudio tenga que ver con aquella experiencia. Es un trabajo dinámico y dialogante entre todos nosotros, muy conectado con el exterior, con todas las disciplinas, con los condicionantes de cada problema y con las condiciones de nuestro presente.
FA ¿Qué se transmite más entre los compañeros del estudio: el conocimiento o las maneras de hacer?
J: Más que una transmisión, es una suma. De ahí salen los proyectos.
FA ¿Estableces una relación entre lo que ocurre en el estudio y lo que pasa en la Escuela?
J: Pienso que la formación en proyectos debe ser quizá muy autodidacta, y que el profesor debe ejercer de acompañante y no de vigilante en esa experiencia. Creo también que esa compañía del profesor, para ser sincera y estimulante, no se puede desligar de su práctica profesional.
Una vez acabada la carrera, esa formación es menos autodidacta y es más tradicional, tiene más que ver con el apoyo de otras personas, al principio de otros arquitectos, después de los compañeros del estudio, siempre de muchas personas de quienes uno puede aprender.
FA Hablemos del Pabellón de Hielo de Jaca (Huesca), que va a inaugurarse este mismo invierno. ¿Cómo arrancó este proyecto desde el punto de vista del proceso de trabajo?
J: Empezamos a trabajar con las maquetas del lugar, en el encaje espacial del programa; trabajamos diferentes configuraciones de pistas y la relación morfológica con el solar, la pendiente y la ciudad. Atendimos al crecimiento reciente de Jaca y a las posibilidades del edificio para mejorarlo. Hay que tener en cuenta que estamos en una implantación bastante singular, por el salto que se genera entre la población histórica y la ciudad deportiva.
Trabajamos también una cierta ensoñación de los conceptos del invierno, del deporte, de su tecnificación… De la claridad y la limpieza del aire, el silencio habitual en los deportes de invierno … Muchas veces es lo que motiva a practicar el esquí. La transparencia puede que sea uno de los paradigmas de nuestro estudio, entendida, sobre todo, como la no necesidad de cerrar, de poner puertas, de levantar paredes.
Al final llega un momento que, a la hora de procesar todo, el proyecto cambia y surge la forma de la membrana, que se demostró capaz de incorporar cualquier aspecto funcional del programa. Suponía un gesto en el paisaje del que nos enamoramos. Todas las decisiones sucesivas eran una consecuencia lógica de esa membrana.
Trabajamos intensamente en la definición de la estructura, en conseguir que membrana, instalaciones y estructura se unificaran. Mantuvimos una relación muy estrecha durante todo el proceso con nuestros consultores, queríamos que cada especialidad fuera consciente de la unidad del problema.
Tuvimos también que plantear un edificio capaz de construirse como una carrera contra el reloj, casi sin acabados, sin detalles constructivos, debíamos buscar el mínimo.
FA No son muchos los proyectos que responden con exactitud a que la descripción de la palabra que los titula -pabellón, por ejemplo- coincida con la forma del edificio. En vuestro caso, parece un resultado más que un punto de partida…
J: A esta membrana la denominábamos "gota de agua" cuando trabajamos el concurso. Nos parecía que una gota de agua tiene la ventaja de que puede encerrar el mayor continente posible con la mínima estructura o, incluso, en ausencia de ella. Basta una superficie para que una gota de agua se deposite, y es suficiente la estructura de esa superficie para contener todo el volumen. No existe el contenedor.
A su vez, era un elemento que no ofrecía fachadas direccionales a ningún punto de su entorno, cosa que entendíamos como positiva en el solar. Para acceder al edificio no es necesario enfrentarse a ninguna fachada sino que basta con atravesarlo, como se puede atravesar una membrana natural o una cortina de agua.
El hecho de huir de estructuras adinteladas, de cerchas… nos parecía un valor, que la forma por sí misma fuera el soporte estructural.
FA Siendo la geometría descriptiva una técnica de representación gráfico-matemática que en la actualidad se ha delegado a los programas informáticos de CAD, ¿es posible prescindir hoy de esa técnica ancestral?
J: No, porque puede resolverlo todo. La geometría descriptiva es la matemática del arquitecto. Permite que la arquitectura posea toda la libertad porque proporciona el conocimiento de la topografía y del espacio.
Actualmente, los ordenadores nos permiten viajar más rápido por la geometría descriptiva, utilizarla mejor. El ordenador no sustituye nada sino que permite disponer de un mayor abanico de variantes en el mismo tiempo. El ordenador nos permite ser más precisos, más rápidos, más eficaces en nuestro encuentro con la geometría.
FA En el estudio, ¿os interesan las arquitecturas que tienen que ver con la geometría?
J: Nuestra visión de la arquitectura es tan pragmática como ambiciosa. Las dos cuestiones que nos parecen más importantes de la arquitectura son, por un lado, su trabajo real con el futuro, es decir, su capacidad para modificar el presente y mejorarlo. Esto obliga inmediatamente a un compromiso social. Por otro lado, que la arquitectura existe precisamente para hacerse realidad, para construirse, para ser. La arquitectura posee una sed infinita de concreción. Así que, obviamente, no nos parecen próximas a la arquitectura aquellas ilusiones que en sí mismas no tienen la voluntad de realización.
Esto no quiere decir que la arquitectura deba ser construible en el sentido de adaptable a las normativas y a las posibilidades constructivas actuales. Todo lo contrario. Significa que precisamente porque tiene un afán transformador del presente, debe tener la capacidad suficiente para ampliar las posibilidades del presente. La constructibilidad es una necesidad y, por ello, no una imposición a la que obedecer, sino una dificultad añadida con la que trabajar. Es necesario modificar, mejorar, las condiciones que establecen la sociedad y la industria.
FA Y esto, ¿a qué os obliga en situación de proyecto en relación con los industriales?
J: Nos debe obligar a ir por delante de lo que nos pueden ofrecer.
No se gana la batalla que no se mantiene. Lo intentamos siempre -aunque supone multiplicar el esfuerzo- y lo conseguimos algunas veces. En general, cuesta mucho implicar al industrial.
El primer trabajo se hace con los consultores (estructuras, instalaciones, tráfico…). Intentamos que el trabajo multidisciplinar esté guiado por el arquitecto, intentamos que el consultor entre en la dinámica del proyecto.
FA ¿La economía tiene un papel en vuestros proyectos o aparece al final?
J: Por desgracia para nosotros y por suerte para el proyecto, aparece al principio. Organizamos el proyecto a partir de un esquema presupuestario. Incorporamos el presupuesto desde el inicio en el proceso de decisiones. Cuando diseñamos, medimos continuamente, sumamos y multiplicamos continuamente.
FA ¿Cómo conseguís hacer de la economía un elemento estructural y de trabajo en medio de la locura del mercado?
J: Dentro de ese contexto, intentamos que el valor esté por encima del precio. Los edificios y quienes los utilizan serán quienes digan si es así.
Para nosotros el fundamento reside en que no puede haber oposición en el proyecto. Es decir, no vale decir que algo no está encajado en él. Al proyecto se le puede exigir todo, y el proyecto debe responder a todo. Si algo se escapa, es que el proyecto no está bien.
FA ¿Cómo concebís la representación gráfica en el proceso de proyecto?
J: En el estudio intentamos siempre tener una gran sinceridad interna y que el desarrollo del proyecto se plasme tal cual es. Huimos de los artificios, de metáforas inmediatas. Intentamos representar un proyecto en toda su realidad.
FA ¿Y en cuanto a los materiales? Para vosotros, ¿son demasiado restrictivas técnicas constructivas como, digamos, la del hormigón encofrado?
J: Supongo que tu pregunta tiene relación con algunas obras de Bilbao. Es verdad que en el País Vasco, donde los áridos y los procesos son algo diferentes, tratamos el hormigón de otro modo. El hormigón tiene que ver, mucho más de lo que pensamos, con el lugar donde se va a levantar.
En Bilbao estamos terminando un edificio para un polideportivo, piscinas y estacionamiento donde utilizamos prefabricados de hormigón de color. De alguna manera, nos planteamos utilizar el hormigón casi como algo transparente, como si la fachada no existiera. Lo estamos utilizando también en otros proyectos bilbaínos en marcha, haciendo casi muros cortina prefabricados de hormigón, con grandes posibilidades de matización entre el interior y el exterior…
FA ¿Dónde queda el ornamento?
J: Su necesidad o no nunca nos ha supuesto un problema. El modo de trabajar de nuestro estudio es quizá más directo y, en ese sentido, la lógica de los elementos proporciona la solución.
En general, nuestra manera de trabajar es parecida a la de quien coloca una cosa encima de otra o una cosa al lado de otra, con la lógica de apoyar un libro sobre una mesa o colocar la taza sobre el plato. No hay argumentos compositivos ni complejas organizaciones en el espacio; no hay una recreación ni en la forma ni el alzado, que muchas veces es inexistente. No hay artificios. Nunca tenemos una forma autoimpuesta o un lugar donde llegar.
FA Por cierto, ¿cómo se calcula el precio de una membrana?
J: (Sonríe) Se modela, se prueba, se investiga, se mejoran soluciones, se pide a mucha gente valoraciones muy pequeñas y muy grandes, se compara, se comprueba; ayudan las experiencias anteriores, por ejemplo, de fachadas muy especiales, en circunstancias complejas de acceso … Intentamos proyectar la realidad futura. |